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jueves, 6 de abril de 2017

Una herramienta de organización revolucionaria

Hoy quiero hablar de una herramienta revolucionaria que puedes adquirir en cualquier parte del mundo. Como muchas otras, el día que empiezas a usarla se te hace un poco cuesta arriba, casi no entiendes su utilidad pero la usas porque te sientes obligado/a. Sin embargo con su frecuente utilización vas descubriendo que tiene muchísimas ventajas que no puedes ignorar:

  • No se cuelga
  • Siempre, sin excepción, reproduce toda la información que anotas en ella
  • Ni su uso, ni su acceso dependen de la batería de tu móvil
  • Todos saben usarla
  • Puedes compartirla siempre que quieras
  • Puedes elegir cualquier idioma para relacionarte con ella
  • A no ser que te la sustraigan, ningún error ajeno a ti puede hacerla desaparecer
  • Es totalmente personalizable
  • Usarla en exceso no irrita tus ojos, ni te marea, ni te provoca insomnio
  • Huele bien 


Por si a alguien se le escapa, estoy hablando del cuaderno, ese objeto de uso cotidiano durante nuestra infancia que arrinconamos cuando nos hacemos mayores. Y claro, las nuevas tecnologías no ayudan…

¿Cuánto tiempo llevas sin escribir con las manos? 

Hace tres años un alumno mío, mayorcete, se sorprendía de su mala caligrafía y se justificaba diciendo: “es que no escribo desde que salí de la universidad”. Yo le contesté: “Pues es una suerte, porque ahora ya no escriben ni en la universidad. Todos van con sus portátiles”.

Pero que quede claro; no repruebo el uso de las nuevas tecnologías. Lo que pasa es que me entristece la soledad del cuaderno, del cuaderno en general, de los cuadernos ajenos, porque eso sí, mis cuadernos tienen vida hasta la última página y en ellos escribo y garabateo de todo. No los dejo morir ni cuando los termino porque, si creo que en ellos hay algo interesante, los pongo en la estantería acompañando a sus primos hermanos, los libros.

Lo sé, ocupan espacio, el mismo espacio que trastos y bártulos en el trastero o en la habitación de al lado, pero decidimos desterrarlos y no darles ni la dignidad de ser usados un par de días seguidos. Para eso están el móvil y el ordenador, con los que puedes organizar, clasificar y guardar documentos digitales fácilmente. Pero acaso, ¿sabes dónde están mis primeros archivos creados en Word? ¡Claro que no! Yo tampoco ;-)