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lunes, 14 de mayo de 2018

15% o un poco de levadura: el valor de un profesor


Hace unos días me encontré enfrascada en una conversación sobre cuánto interviene un profesor en el aprendizaje de sus estudiantes. En realidad, la pregunta exacta era: hablando de una persona que está aprendiendo un idioma, si tuviéramos que decidir qué porcentaje de lo que sabe se debe a su profesor, ¿cuál sería?

Seguro que estamos de acuerdo en que este es un valor inmensurable, pues hay muchas variables que afectan al resultado final: exposición a la lengua, edad del alumno, aprendizaje previo de otras lenguas, talento natural para aprender idiomas, esfuerzo personal del alumno, etc. Sin embargo, a pesar de esto, cada persona tiene una idea bastante clara sobre cuál ha sido la influencia de sus profesores en su propio aprendizaje. Por eso, no es de extrañar que haya opiniones muy diversas.

Pero, volviendo a la conversación anterior, una de las personas presentes contestó algo como: “menos de un 20%”, a lo que otra respondió con sorpresa, “¿tan poco?”, girándose hacia mí para ver mi reacción.

Yo me quedé callada. No era la primera vez que escuchaba esa pregunta y tampoco sería la última, pero quería saber cómo se resolvería aquella conversación y qué pensaban mis interlocutores. Sin embargo, uno de los presentes, estupefacto por aquella respuesta descarada, que casi habían escupido a mi cara (única profesora en el grupo), me apeló: “¿Pero, has escuchado lo que ha dicho?” y entonces, dudé si responder o no con el relato de otra conversación similar que tuve hace años. Aquí va la historia:



Un día, mientras impartía clases de español a un entrenador de fútbol de un equipo de primera división, él me comentó: “el trabajo de un profesor es muy importante, ¿no crees?”, a lo que yo respondí con un silencio mientras trataba de averiguar cuál sería una buena respuesta. Porque honestamente, no sabía qué responder para no parecer arrogante pero sí hacerme valer como profesional de la enseñanza. Como la respuesta no llegaba a mi boca y sentía cierta urgencia por responder, le devolví la pelota a la gallega: “¿qué valor tiene el trabajo de un entrenador?

Mi alumno, con más edad que yo, más vivencias y más años dedicados a su profesión que yo a la mía, dijo sin titubear: “un 15%”, a lo que yo, tratando de ocultar toda sorpresa ante una cifra tan exacta y redonda, respondí: “no es mucho”. Él, con una sonrisa de medio lado, una ceja arqueada y toda la templanza que cabía en aquella enorme sala, me contestó con algo que lo cambió todo: “es cierto, pero, ¿conoces a algún jugador de fútbol que haya llegado a primera división sin un entrenador?”.

Aquella respuesta tan clara, resultado evidente de un análisis previo, marcó mi forma de valorar mi propia dedicación. Lo cierto es que yo no le habría respondido con un porcentaje mucho mayor, pues conozco bien la influencia de otros aspectos que he mencionado anteriormente. Y además, ¡yo también he sido alumna!

Sin embargo, esta especie de tendencia o necesidad que tenemos las personas de repartir la responsabilidad como si se tratara de una tarta, podría resultar humillante si no sabemos interpretar el reparto como supo hacerlo este entrenador. Por eso, creo que sería más fácil ignorar el tamaño de la porción y responder con otro símil en el que los ingredientes son los protagonistas: harina, huevos, leche, levadura,… Y, ¿qué tarta sube sin un poco de levadura?

¡Ah!, por cierto… Creo que el alumno es el calor. ;-)

jueves, 22 de marzo de 2018

Notas de español


Desde hace un tiempo vengo realizando una colección de lo que yo he llamado: "notas de español", en las que trato de corregir los errores más comunes que me encuentro en las clases que imparto, prestando mayor interés a aquellos que no siempre aparecen en los libros de ELE.

Algunas notas guardan relación con falsos amigos o palabras mal utilizadas, pero también estoy incorporando notas de vocabulario y diferentes usos de un mismo verbo.



Realizando este trabajo me he dado cuenta de lo difícil que es resumir algunos contenidos en un espacio tan breve como el que me he autoimpuesto. Así fue el caso del uso del verbo depender. Este dichoso verbo, que tantos quebraderos de cabeza da a mis estudiantes, terminó por obligarme a pasar varias horas analizándolo con atención, y aún así, todavía no he explicado todas las formas posibles de utilizarlo.



Más allá de hacer un enorme esfuerzo para dar respuesta a dudas habituales, estoy recordando las numerosas preguntas que pueden surgirle a un nativo cuando estudia y analiza su propio idioma. Este es un reto al que me gusta enfrentarme y cuyo resultado me gusta compartir. Aquí os dejo algunas notas más.


lunes, 20 de noviembre de 2017

Qué caracteriza a los estudiantes de empresa. Artículo en Linkedin



Como profesora de español en empresas, el análisis del tipo de alumnos que tengo y de sus necesidades es algo que me interesa y que hago regularmente.

Recientemente, en la plataforma de Linkedin he publicado un artículo que guarda relación con este tema: ¿qué es lo que caracteriza al estudiante de empresa?, que os quiero invitar a leer.

A aquellos profesores que quieran aportar su propia visión, les agradezco sus comentarios en esta entrada o en el original, enlazado arriba.

jueves, 18 de mayo de 2017

¿Hablas español o castellano?

Hace ya bastantes años en una clase de grupo, mientras mantenía una conversación con mis alumnos, uno de ellos intervino para decirme de una forma muy enérgica que para referirme a nuestras clases no debía usar el término español sino castellano. Estupefacta por su seguridad e incomodada por su corrección, le pregunté porqué decía eso, y entonces me contó una confusa historia sobre el origen del español.



Pasado aquel trance con elegancia, lo cierto es que de una forma menos brusca, cada cierto tiempo sigo reviviendo una situación similar. Esto es, un alumno me medio reprueba que diga clases de español y no de castellano. Mi pregunta siempre es la misma y la respuesta casi también. Me he dado cuenta de que, el que más y el que menos tiene cerca a algún español que, no bien informado, cuenta batallitas entrañables (lo digo con cariño) a mis alumnos extranjeros.

Vale. Es cierto. Todos sabemos que el castellano es esa lengua románica que nació en Castilla, cuando España no existía como tal. Pero eso es una cosa y decir que yo no hablo o no enseño español es otra.

Así que, para aclarar algunos conceptos, me he animado a escribir lo que sigue. Por favor, que me perdonen las mentes románticas que ven en la palabra castellano un bastión por el que luchar.

Para empezar, diré que no es incorrecto referirse al castellano como la lengua hablada en España y en algunos países Latinoamericanos, pero la propia RAE recomienda el uso de la palabra español en este contexto. Es decir, cuando estamos hablando del español como lengua internacional (frente a otras lenguas como el inglés, el alemán, etc.), para evitar equívocos no deberíamos utilizar la palabra castellano. ¿Acaso has escuchado a algún ecuatoriano o a algún andaluz decir que habla castellano? Ambos hablan español, con variedades dialectales diferentes.

Un contexto distinto es aquel en el que queremos identificar las 4 lenguas oficiales que se hablan en España: catalán, gallego, eusquera y castellano. En este caso, podemos decir que el castellano es la lengua común hablada dentro del territorio español. Yo diría que es incluso respetuoso decirlo así porque el gallego, el eusquera o el catalán nos pertenecen tanto como el castellano y todos se hablan en España. Así pues, no creo que sea incorrecto decir que todas son lenguas españolas.

Aclarado todo esto, siento si alguien ve algún fantasma en el uso de la palabra español para referirse al segundo idioma más hablado del mundo. Las palabras no hacen daño, el uso que hacemos de ellas sí puede hacerlo.

Por las razones anteriores, aquí va mi petición, para que nadie que trate con extranjeros reniegue del nombre de la lengua que hablamos más de cuatrocientos millones de personas en el mundo. No es castellano, es español.

viernes, 5 de mayo de 2017

El lenguaje de los youtubers

Me encanta Youtube. Me parece una fuente inagotable de conocimiento en la que un gran número de personas comparte contenido de gran valor. Gracias a esta plataforma puedes aprender sobre casi cualquier cosa. A mí, por ejemplo, me gusta mucho ver vídeos sobre: emprendimiento, psicología, cocina, deporte, salud, belleza, decoración, etc. La lista es larga.

A menudo veo vídeos para actualizar mi inglés, pero a veces no sé si esto tiene sentido. Ya escucho mucho inglés en los canales de los youtubers españoles


Los youtubers son esas personas que trabajan como: creadores de contenidos, presentadores, editores, iluminadores, promotores, etc. Lo digo en serio, es una profesión para valientes, para gente que se quiere dejar la piel y que, si le va bien, a cambio puede llegar a obtener un gran reconocimiento no falto de haters. Porque eso sí, nadie se libra de ellos. Los haters están al acecho para despotricar contra los youtubers y hacerlos sentir mal. Son su Némesis, la cara oscura de esta nueva profesión. Para ser youtuber hay que estar dispuesto a lidiar con esto.

Como decía, me gusta Youtube y a diario veo vídeos curiosos o didácticos, o las dos cosas a la vez. Tengo ya bastante experiencia en esto del visionado, así que solo necesito unos segundos para saber si el que está al otro lado de la pantalla y lo que va a decir me van a gustar. Porque, para ser realista, no todos los youtubers son igual de buenos ni mucho menos. Y aunque un nivel alto de suscriptores puede ser una buena señal, no siempre es el mejor índice para valorar si merece la pena ver lo que publican. Al fin y al cabo, cada cual tiene sus fortalezas y a algunos se les da mejor el marketing que el desarrollo del contenido.

Sean buenos, malos o regulares, lo que he visto es que si eres youtuber casi es obligatorio usar anglicismos. Creo que si hubiera unos estudios para ejercer esta profesión (todo se andará), una asignatura sería: Anglicismos. Y como decía aquel, lo digo sin acritud, pues es solo un hecho que constato. Ya os contaba antes que estoy poniendo al día mi inglés, y ahora os cuento las palabras nuevas que he aprendido:

(Que ningún traductor me tome en serio, por favor)

  • Hater: Los mencioné antes. Son los malos del mundo Youtube. Están ahí para, dicho finamente, molestar. Lo mejor es ignorarlos.
  • Random: Aunque la traducción literal es aleatorio/a, a mí me parece que es la palabra que usan cuando quieren decir popurrí o van a hablar de algo que se sale del tema principal.
  • Live: Ya casi es un clásico. Se usa para hablar de una emisión en directo, sin edición.
  • Unboxing: Muy habitual en canales de belleza y moda. Normalmente el/la youtuber de turno desempaca un pedido que ha realizado y lo va describiendo sobre la marcha.
  • Story time: Estas palabras las usan los que ya tienen un buen nivel de inglés, y normalmente lo hacen de una forma correcta (a mi entender). Lo que no sé es porqué no usan palabras como:  historia, cuento, anécdota,…
  • Haul: Reconozco que antes de Youtube no había escuchado esta palabra en mi vida. Según wordreference, como verbo significa tirar, pero los youtubers la usan cuando van a contarte el montón de cosas que se han comprando no sé dónde. Aquí cabe mencionar que muchos de ellos se ganan la vida comprando cosas y comentando cómo les ha ido con ellas.
  • Fail: Error, fallo, fracaso,… Huyo de esta palabra. Si te gusta ver caídas, destrozos, descuidos,  gente haciéndose daño, etc. simplemente busca fail.
  • Tag: Esta, como la mayoría, es otra palabra que no se usa de forma literal. Suele aparecer en vídeos en los que se va a tratar un tema, por ejemplo: “tag despidos”. Es una palabra cuyo uso, ya sea en español o en inglés, veo innecesario. Para mí es como decir: “voy a hablar del tema cactus” en vez de “voy a hablar de cactus”, pero tal vez no la estoy entendiendo bien…
  • ¡Influencers!: La escribo con signos de admiración porque es el no va más. No hay otro igual.  No solo aparece en Youtube. Este anglicismo está en todas partes y creo que ya no necesita traducción.

Y todavía he aprendido muchas más, pero creo que este listado ya puede servirnos de guía y de punto de partida para una reflexión: ¿Se nos está quedando corto el español?