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lunes, 20 de noviembre de 2017

Qué caracteriza a los estudiantes de empresa. Artículo en Linkedin



Como profesora de español en empresas, el análisis del tipo de alumnos que tengo y de sus necesidades es algo que me interesa y que hago regularmente.

Recientemente, en la plataforma de Linkedin he publicado un artículo que guarda relación con este tema: ¿qué es lo que caracteriza al estudiante de empresa?, que os quiero invitar a leer.

A aquellos profesores que quieran aportar su propia visión, les agradezco sus comentarios en esta entrada o en el original, enlazado arriba.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Cómo meterte donde no te llaman o cómo matar a un perro a las bravas

De un tiempo a esta parte “pobrecito” es la palabra más escuchada por mis oídos de aquí a la luna. “Pobrecito” es la que escucho de frente, “cruel” y “egoísta” son las que escucho por detrás.


Resulta que tengo un perro o como dicen algunos: un chucho. Posiblemente es un mestizo de podenco con labrador. A mí me gusta decir algo que aprendí hace poco: “Es un perro de raza única”, y a mucha honra.

Mi perro se llama Ender, tiene 15 años. Lo sacamos de una perrera municipal cuando él tenía un año y pico. Su fecha de sacrificio ya estaba escrita. Ya no era un tierno cachorro sino que era un saquito de huesos que olía mal y tenía las orejas desparejadas. El veterinario de la perrera nos dijo: “si nunca habéis tenido perro, no os llevéis a este. Es hiperactivo”, y lo era, claro que lo era, pero me importó un pimiento. Ya me había enamorado de él.

Pues sí, Ender no era un perro movido, no; era un rabo de lagartija, un potrillo desbocado, una tormenta eléctrica,… Pero en poco tiempo se convirtió en parte de mi familia. Lo acepté como era, me aceptó como soy. ¡A ver qué humano hace eso!

Ender se llama así por el personaje de un libro. Su nombre hace justicia a su actitud y fortaleza ante la vida. Él solito terminó con una Leishmaniashis, enfermedad que puede ser mortal y que le diagnosticaron durante muchos años hasta que un buen día dejó de dar positivo a ella sin haber recibido tratamiento (porque no lo había). Con ayuda médica se liquidó una enfermedad autoinmune que parecía no tener fin, acabó con otra de tipo oftalmológico que teóricamente era crónica y tiene a raya un cáncer para el que desde hace un año ya no puede recibir tratamiento (y me he saltado unas cuantas cositas más). Haciendo honor a su nombre, a veces tengo la impresión de que a Ender no le terminan; Ender termina.

Lo cierto es que Ender está muy mayor, se mueve con dificultad, camina despacio, se tropieza en ocasiones y se cae al suelo también. A veces lo levanto, a veces se levanta, otras aprovecha la caída y se echa una siesta allí donde sus huesecillos hayan ido a parar (para chulo, él). En casa nos da la plasta mientras comemos, nos pide caricias, se da paseos, come con gusto, se cuela en la cocina cuando hay trajín, huye de la gata (que le tiene frito), pide salir a la calle, olisquea, cotillea y, por supuesto, duerme mucho.

A pasear le sacamos con pañales para no molestar a los vecinos, porque tenemos que cruzar un patio comunitario y si se hace pipí ahí, en el cemento, aunque lo limpiemos con agua, lejía y jabón, a algunos les molesta. Así que Ender anda por la calle así: con su pañal, a su ritmo y con sus tropiezos, pero con su interés hacia otros perros, sus ganas de olfatear manchas en el suelo y de curiosear a las personas que llevan cosas en las manos (no vaya a ser que alguna lleve algo de comida para él).

Depende de cómo veamos que se encuentra, le paseamos más o menos veces o llegamos más o menos lejos. Hay días que no podemos salir del patio comunitario: nos damos un paseíto, tal vez él se echa una siestecilla y retomamos el camino para volver a casa.

Salgamos o no salgamos del patio es raro el día que no escucho: “pobrecito”, “¿qué le pasa?”, “¿por qué lo tenéis así?” , “¿no os da pena?”. Hoy me han dicho que le hagamos “un favor”… y yo me muerdo la lengua para no contestar lo que pienso. Pero claro, no siempre tengo el día ni las ganas de controlarme y a veces acabo soltando algún improperio, pero nunca lo suelto todo. Y por eso escribo aquí esta reflexión, este mensaje, esta llamada de atención para aquellos que a diario se acercan a llamarme cruel y egoísta:

Querido/a vecino/a metomentodo.

Si tuvieras un familiar mayor, con dificultades de movilidad pero con ganas de vivir y poder hacerlo gracias a tu ayuda… ¿lo matarías o lo ayudarías a seguir viviendo?

Y si vieras a una persona mayor, andando con dificultad, tal vez con un bastón, ¿te dirigirías a ella constantemente a decirle: “oh, pobrecita”, como si su vida ya no mereciera la pena?

Dime, ¿por qué la respuesta a esas preguntas tiene que ser diferente si hablamos de un perro?

Por favor, no seas tan cabestro/a, ten un poco de empatía y respeto, y no se te ocurra pensar ni por un solo segundo que sientes más dolor por mi más fiel y mejor amigo del que siento yo misma. Mientras él quiera y no sufra, él estará aquí con nosotros.

Si te molesta la visión de un perro viejo que anda lento, se tropieza y lleva pañales; te aguantas, no es un delito.

Un día tú serás mayor y me apuesto lo que quieras a que te gustaría tener a alguien que te cuide como yo cuido a Ender.

Por favor:

  • Deja de darme tu opinión. No te la he pedido.
  • Deja de juzgarme. No tienes derecho.
  • Y deja de cotillear a mi costa. No tienes toda la información. Y desde luego, tú no eres yo, cosa que seguro que Ender agradece.

jueves, 18 de mayo de 2017

¿Hablas español o castellano?

Hace ya bastantes años en una clase de grupo, mientras mantenía una conversación con mis alumnos, uno de ellos intervino para decirme de una forma muy enérgica que para referirme a nuestras clases no debía usar el término español sino castellano. Estupefacta por su seguridad e incomodada por su corrección, le pregunté porqué decía eso, y entonces me contó una confusa historia sobre el origen del español.



Pasado aquel trance con elegancia, lo cierto es que de una forma menos brusca, cada cierto tiempo sigo reviviendo una situación similar. Esto es, un alumno me medio reprueba que diga clases de español y no de castellano. Mi pregunta siempre es la misma y la respuesta casi también. Me he dado cuenta de que, el que más y el que menos tiene cerca a algún español que, no bien informado, cuenta batallitas entrañables (lo digo con cariño) a mis alumnos extranjeros.

Vale. Es cierto. Todos sabemos que el castellano es esa lengua románica que nació en Castilla, cuando España no existía como tal. Pero eso es una cosa y decir que yo no hablo o no enseño español es otra.

Así que, para aclarar algunos conceptos, me he animado a escribir lo que sigue. Por favor, que me perdonen las mentes románticas que ven en la palabra castellano un bastión por el que luchar.

Para empezar, diré que no es incorrecto referirse al castellano como la lengua hablada en España y en algunos países Latinoamericanos, pero la propia RAE recomienda el uso de la palabra español en este contexto. Es decir, cuando estamos hablando del español como lengua internacional (frente a otras lenguas como el inglés, el alemán, etc.), para evitar equívocos no deberíamos utilizar la palabra castellano. ¿Acaso has escuchado a algún ecuatoriano o a algún andaluz decir que habla castellano? Ambos hablan español, con variedades dialectales diferentes.

Un contexto distinto es aquel en el que queremos identificar las 4 lenguas oficiales que se hablan en España: catalán, gallego, eusquera y castellano. En este caso, podemos decir que el castellano es la lengua común hablada dentro del territorio español. Yo diría que es incluso respetuoso decirlo así porque el gallego, el eusquera o el catalán nos pertenecen tanto como el castellano y todos se hablan en España. Así pues, no creo que sea incorrecto decir que todas son lenguas españolas.

Aclarado todo esto, siento si alguien ve algún fantasma en el uso de la palabra español para referirse al segundo idioma más hablado del mundo. Las palabras no hacen daño, el uso que hacemos de ellas sí puede hacerlo.

Por las razones anteriores, aquí va mi petición, para que nadie que trate con extranjeros reniegue del nombre de la lengua que hablamos más de cuatrocientos millones de personas en el mundo. No es castellano, es español.

viernes, 5 de mayo de 2017

El lenguaje de los youtubers

Me encanta Youtube. Me parece una fuente inagotable de conocimiento en la que un gran número de personas comparte contenido de gran valor. Gracias a esta plataforma puedes aprender sobre casi cualquier cosa. A mí, por ejemplo, me gusta mucho ver vídeos sobre: emprendimiento, psicología, cocina, deporte, salud, belleza, decoración, etc. La lista es larga.

A menudo veo vídeos para actualizar mi inglés, pero a veces no sé si esto tiene sentido. Ya escucho mucho inglés en los canales de los youtubers españoles


Los youtubers son esas personas que trabajan como: creadores de contenidos, presentadores, editores, iluminadores, promotores, etc. Lo digo en serio, es una profesión para valientes, para gente que se quiere dejar la piel y que, si le va bien, a cambio puede llegar a obtener un gran reconocimiento no falto de haters. Porque eso sí, nadie se libra de ellos. Los haters están al acecho para despotricar contra los youtubers y hacerlos sentir mal. Son su Némesis, la cara oscura de esta nueva profesión. Para ser youtuber hay que estar dispuesto a lidiar con esto.

Como decía, me gusta Youtube y a diario veo vídeos curiosos o didácticos, o las dos cosas a la vez. Tengo ya bastante experiencia en esto del visionado, así que solo necesito unos segundos para saber si el que está al otro lado de la pantalla y lo que va a decir me van a gustar. Porque, para ser realista, no todos los youtubers son igual de buenos ni mucho menos. Y aunque un nivel alto de suscriptores puede ser una buena señal, no siempre es el mejor índice para valorar si merece la pena ver lo que publican. Al fin y al cabo, cada cual tiene sus fortalezas y a algunos se les da mejor el marketing que el desarrollo del contenido.

Sean buenos, malos o regulares, lo que he visto es que si eres youtuber casi es obligatorio usar anglicismos. Creo que si hubiera unos estudios para ejercer esta profesión (todo se andará), una asignatura sería: Anglicismos. Y como decía aquel, lo digo sin acritud, pues es solo un hecho que constato. Ya os contaba antes que estoy poniendo al día mi inglés, y ahora os cuento las palabras nuevas que he aprendido:

(Que ningún traductor me tome en serio, por favor)

  • Hater: Los mencioné antes. Son los malos del mundo Youtube. Están ahí para, dicho finamente, molestar. Lo mejor es ignorarlos.
  • Random: Aunque la traducción literal es aleatorio/a, a mí me parece que es la palabra que usan cuando quieren decir popurrí o van a hablar de algo que se sale del tema principal.
  • Live: Ya casi es un clásico. Se usa para hablar de una emisión en directo, sin edición.
  • Unboxing: Muy habitual en canales de belleza y moda. Normalmente el/la youtuber de turno desempaca un pedido que ha realizado y lo va describiendo sobre la marcha.
  • Story time: Estas palabras las usan los que ya tienen un buen nivel de inglés, y normalmente lo hacen de una forma correcta (a mi entender). Lo que no sé es porqué no usan palabras como:  historia, cuento, anécdota,…
  • Haul: Reconozco que antes de Youtube no había escuchado esta palabra en mi vida. Según wordreference, como verbo significa tirar, pero los youtubers la usan cuando van a contarte el montón de cosas que se han comprando no sé dónde. Aquí cabe mencionar que muchos de ellos se ganan la vida comprando cosas y comentando cómo les ha ido con ellas.
  • Fail: Error, fallo, fracaso,… Huyo de esta palabra. Si te gusta ver caídas, destrozos, descuidos,  gente haciéndose daño, etc. simplemente busca fail.
  • Tag: Esta, como la mayoría, es otra palabra que no se usa de forma literal. Suele aparecer en vídeos en los que se va a tratar un tema, por ejemplo: “tag despidos”. Es una palabra cuyo uso, ya sea en español o en inglés, veo innecesario. Para mí es como decir: “voy a hablar del tema cactus” en vez de “voy a hablar de cactus”, pero tal vez no la estoy entendiendo bien…
  • ¡Influencers!: La escribo con signos de admiración porque es el no va más. No hay otro igual.  No solo aparece en Youtube. Este anglicismo está en todas partes y creo que ya no necesita traducción.

Y todavía he aprendido muchas más, pero creo que este listado ya puede servirnos de guía y de punto de partida para una reflexión: ¿Se nos está quedando corto el español?

lunes, 24 de abril de 2017

Palabras gastadas


Algunas palabras después de un tiempo se gastan, sobre todo si se usan mucho y mal. Y esto pasa con muchos términos que proceden del ámbito de la psicología y la salud.



Hace años un profesor que tuve en la universidad, experto en autismo, nos contaba lo mucho que le molestaba que se utilizara el término autista para tratar de describir, a menudo descalificar, a alguien con pocas habilidades sociales. Nos explicaba que los que hablan de esta manera no son conscientes del daño que hacen a los familiares de personas con el mencionado trastorno. Sería algo equivalente -esto lo digo yo- a decirle a alguien: ¡celíaco!, tratando de ofenderle porque un día no quiere comer pan. Vamos, una cosa absurda.

Pues ya licenciada, y todavía muchos años después, yo seguía escuchando a mi alrededor comentarios como: “¿Qué pasa? Nunca me llamas… ¡¿Eres un poco autista o qué?!”, hasta que un día la palabra autista pasó de moda, o no sé, tal vez se gastó como tantas otras que vinieron después: bulímico/a, anoréxica/o, hiperactivo/a, etc. Nadie estaba libre de recibir alguna de estas denominaciones si comía demasiado, estaba delgado o tenía un comportamiento movido. Pero daba igual, a medida que se iban usando estas palabras, se iban gastando, iban perdiendo su significado y aparecían otras de las que abusar.

Hace poco una persona me contó que su jefe es un poco bipolar, que tiene una amiga borderline, y que su novio, al que supongo que quiere mucho, tiene un toc (trastorno obsesivo-compulsivo). Yo me mordía la lengua, cansada de su voraz etiquetaje, porque yo también fui una niña rara. Suerte que esta palabra con el tiempo dejó atrás su sentido peyorativo para pasar a ser un atributo muy guay. Lo malo es que dejé de ser rara cuando llegó este momento. Ahora tengo la desgracia de ser normal.

Raro/a es otra palabra que, de tanto usarse, estuvo a punto de extinguirse, pero la salvaron otras como especial y diferente, y durante un tiempo era muy común escuchar: “el chico no es raro; es especial”, y de tanto repetir la frase, a puntito estuvimos de echar a perder una palabra tan exclusiva.

Otras palabras que tuvieron su momento de gloria fueron: depresión, ansiedad y maniaco compulsión. El que más y el que menos tenía algo de esto, y así nos fuimos despachando a gusto, a costa de mentar trastornos mentales y emocionales, y trivializar con cuestiones muy serias.

La palabra que me parece que está de moda ahora es tóxica. ¿Quién no tiene a una persona tóxica al lado? De hecho, el volumen de personas tóxicas es tan creciente en estos días que la que no lo era seguro que ya está intoxicada. ¡Sálvese quien pueda!

Me pregunto de dónde viene esta costumbre de utilizar y reutilzar sin sentido todas estas palabras que describen síndromes hasta que dejan de tener valor en el habla popular. En psicología, a algo parecido se le llama ecolalia, pero por favor, que nadie la ponga de moda. Sería una pena gastarla. Como esta, no tenemos muchas otras...